Una propuesta falta de concreción

Posted by | Filed under General | Jul 25, 2014 | Comentarios desactivados en Una propuesta falta de concreción

Los medios de comunicación en el libro Conversación con Pablo Iglesias

Por Miguel Palacio, graduado en Ciencias Políticas

 

En los últimos días, las palabras que Pablo Iglesias vertió en el libro Conversación con Pablo  Iglesias, de Jacobo Rivero, han hecho correr ríos de tinta. El eurodiputado de Podemos y  cabeza visible de esta formación política se preguntaba “(…)¿por qué no va a existir una regulación que garantice la libertad de prensa en el mejor sentido del término, sin condicionantes de empresas privadas o de la voluntad de los partidos políticos?”. Muchos han sido los que han decidido ver en estas palabras un alegato a favor del intervencionismo estatal  indiscriminado en los medios de comunicación.

En el mencionado libro, las declaraciones de Iglesias acerca de los medios de comunicación  se limitan a una serie de opiniones vagas dentro de las cuales no se menciona ninguna medida  concreta ni especialmente destacable.

Iglesias sostiene que la concentración de la propiedad de los medios es negativa para la democracia (“Si el derecho a la información es un derecho democrático, la concentración de la propiedad es incompatible con ese derecho”). Para el eurodiputado de Podemos debería haber, además, una suerte de control público sobre los medios, que permitiese garantizar su independencia. También cree necesario, sin perjuicio de la existencia de medios privados, que existan unos medios de comunicación de titularidad pública sobre los que sí haya un control público más amplio.

Es innegable que la pluralidad de fuentes de información es una condición necesaria para  el buen funcionamiento de un sistema democrático. No en vano, Robert Dahl, teórico de las  democracias y autor de La poliarquía, señaló que era uno de los requisitos que debía cumplir  una sociedad para que se pudiese considerar una poliarquía.

Dentro del proceso político esas fuentes de información cumplen una serie de funciones fundamentales, sin las cuáles la existencia de un sistema  democrático sería inviable. Por un lado, actúan de canal de información entre la esfera política  y la ciudadanía, y, por otro, tienen la función de permitir que los ciudadanos tengan una  cantidad de información de calidad suficiente como para poder formar sus propias preferencias y opiniones.

Además, es un hecho que el impacto de los medios de comunicación dentro del proceso político es profundo, por lo que su existencia y calidad pueden marcar en gran medida la relación y actitudes de la ciudadanía hacia la clase política y los asuntos públicos en general.

En este orden de cosas, es necesario mencionar que la concentración excesiva de la propiedad  de los medios puede suponer un riesgo para la democracia desde el momento en que puede  ser una amenaza para el acceso a esas fuentes de información plurales que menciona Robert Dahl.

En ese sentido, las palabras de Pablo Iglesias pueden sonar acertadas cuando pide un cierto control de este fenómeno. Sobre todo si se tiene en cuenta que en España en los últimos tiempos se han producido algunos sucesos que pueden tener un impacto nocivo en el sistema político en tanto en cuanto limitan la  capacidad que tienen los ciudadanos de acceder a la información que necesitan para juzgar el proceso político. Esta es una de las conclusiones, por ejemplo, que se deducen del comunicado emitido por el Consejo de Informativos de Televisión Española en relación a las “malas prácticas profesionales” en los servicios informativos, algunas de ellas dirigidas a hurtar informaciones relevantes, en opinión de dicho Consejo, para la opinión pública. Pero también de las frecuentes quejas de las asociaciones de periodistas por las prácticas de comunicación anómalas por parte de los representantes políticos, como las ruedas de prensa sin preguntas.

El segundo defecto que Iglesias defiende como negativo para la democracia es que los medios  de comunicación privados actúan siguiendo la lógica de los beneficios por encima del buen  hacer periodístico. “La gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios y su voluntad por permitir la libertad de expresión”, dice Iglesias. Si el objetivo principal de un medio consiste en generar beneficios, su papel como transmisor de información se puede ver  comprometido, con el consiguiente perjuicio para la calidad democrática que esto supondría.

El problema es que como otras propuestas de la formación política de Iglesias, ese control  público de los medios de comunicación por el que aboga no se articula después en una serie de propuestas concretas. Y dicha concreción es necesaria sobre todo cuando se considera la dificultad que entrañan este tipo de regulaciones. Sirva de ejemplo el caso de TVE,  Telemadrid o Canal Nou, donde unos mecanismos de control público diseñados de manera deficiente o torticera, se traducen en una incapacidad casi absoluta para hacer cumplir a esos medios la función política que se les supone. Y esa desatención de la función política no es privativa de los medios públicos, sino que se extiende a los privados por estar sujetos en demasía a la voluntad y los intereses de sus propietarios.

En ese sentido, si bien es cierto que parece necesario disponer de un marco legal que favorezca o, incluso, garantice la independencia, la manera de llevarlo a cabo es casi más importante que el fin. Y es en ese apartado en el que Conversación con Pablo Iglesias no ofrece suficiente información  como para opinar.

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